Vampiro: Mito imperecedero

Por Adriana Echánove

La palabra vampiro desciende del habla Serbia: wampira; wam = sangre, pir = monstruo (Dudley Wright, Manuela Mascetti). Refiere al muerto que, de acuerdo con las leyendas de Europa central, regresa a alimentarse con la sangre de los seres que estuvieron más cercanos a él mientras estaba vivo. Sin embargo, el vampiro es una figura mítica, un ser sobrenatural que no muere de la misma forma que lo hacemos nosotros, sino que únicamente el sol, el fuego, o —en algunas variantes— una estaca de madera clavada en el corazón, son los únicos capaces de causar la verdadera muerte de este ser presuntamente inmortal; o como se define en el diccionario Webster: “espectro succionador de sangre o cuerpo reanimado de una persona muerta; el espíritu o el cuerpo reanimado de un muerto. Se cree que vuelve de la tumba y merodea extrayendo la sangre de las personas dormidas, causándoles la muerte.” Pese a la anterior definición, J. L. Bernard lo puntualiza como: “persona atormentada por una necesidad mórbida de sangre y que la absorbe orgánicamente, sea bebiéndola en la arteria misma, sea por un proceso sutil.”

 

Ahora bien, remontándome al comienzo de los mitos al respecto, ya en la antigua Grecia existían las empusas: demonio femenino capaz de adoptar diversas formas animales o bien, de hermosa doncella. Un ejemplo de ellas está contenido en el cuento de Filostrato llamado “La vida de Apolonio de Tiana”. La versión latina de éstas son las lamias, nombradas de esta forma gracias a Lamia, hija de Belo y reina de la Libia romana. Ella tiene varios hijos con Zeus, sin embargo, Hera los asesina por celos y sólo Escila sobrevive.

Según Borges: “De la cintura para arriba su forma era la de una hermosa mujer; más abajo la de una sierpe. Algunos las definieron como hechiceras; otros como monstruos malignos. La facultad de hablar les faltaba, pero su silbido era melodioso. En los desiertos atraían a los viajeros, para devorarlos después.” (1967)

Pese a estás remotas alusiones al monstruo que se alimenta de sangre, no puedo dejar de mencionar los casos de vampirismo natural. Incluso Villenueve se refiere a las teorías de Darwin y Lombroso, según las cuales, existen varios casos de vampirismo, como la planta drosera —mejor conocida como planta carnívora—; misma que obtiene la totalidad o la mayoría de sus requerimientos nutricionales mediante el atrapamiento [sic] y consumo de insectos. Y el segundo caso que exponen las teorías es el del verdadero vampiro: desmodus rotundus murinus a quien Darwin —en su viaje alrededor del mundo en el velero Beagle— vio a este pequeño chupa-sangre alimentarse tanto de las bestias que traía consigo como de algunos humanos. Los alados animales de su especie tienen una dieta exclusiva de sangre, y sólo moran en América: desde Nuevo León hasta Yucatán, en la costa del Golfo, desde Sonora hasta Chiapas y de Morelos hasta Panamá.

Existen tres versiones especialmente populares sobre el inicio del mito. La primera, basada en Lilith, quien fue, supuestamente, la mujer de Adán antes que Eva. Ésta, al enojarse con él, intenta abandonar el Eden, desobedeciendo a Dios, quien la castiga convirtiéndola en un monstruo y transformando la parte inferior de su cuerpo en serpiente. Tras esto, estaba condenada a alimentarse únicamente de sangre, sufriendo un hambre insaciable.

Otra de las interpretaciones desciende también desde un hecho religioso. Cuando Caín asesina a su hermano Abel, Dios lo condena a alimentarse únicamente de sangre por toda la eternidad. (Esta versión es la que el libro Vampire: The Masquerade sostiene para su role playing game, al cual citaré más adelante). Tal vez de la veracidad de este “mito” viene la insistencia de la Biblia en la prohibición de alimentarse de sangre, como cita Percy Bysshe Shelley: “Todo lo que se mueve, que es vivo, tendréis por mantenimiento; como verdura de yerba [sic] os lo he dado todo; empero la carne con su ánima, que es su sangre, no comeréis; porque ciertamente vuestra sangre, que es vuestras almas, yo la demandaré.”

Y yéndome por el lado histórico, la vida de Vlad III de Valaquia, príncipe de la antes mencionada, que ahora es conocida como Rumania. Este personaje nació entre noviembre y diciembre de 1431, murió asesinado en diciembre de 1476, en las cercanías de Bucarest. Se le conoce como Vlad Ţepeş o Vlad el empalador. Fue el más temido de todos los gobernantes de la Europa oriental en el siglo XV y uno de los tres hijos de Vlad Dracul —de él nace el término Drácula o Draculea: hijo de Dracul— quien fue incluido en la Orden del Dragón gracias a Segismundo de Luxemburgo. Ya que en rumano no existía la fonética Drac —dragón en húngaro— debido a que su mitología no constaba con dragones, fue sustituido por Dracul, que significa diablo o demonio en rumano.

Vlad el empalador se hizo famoso por tres cosas: su arrojo y valentía en las batallas para defender su patria, su inclemente sentido de la justicia y su ilimitada crueldad. Empalaba a sus víctimas por el ano o la vagina, hasta la boca o el hombro, clavando la carne al palo y éste a la tierra, para que sus víctimas murieran de forma lenta y dolorosa. Se le atribuyó el vocablo de vampirismo debido a que bebía la sangre de sus víctimas delante de los empalados. Debido a esto, Bram Stoker se basa en él para su obra Drácula (1897).

El vampiro literario surge en coincidencia con la caída de la Bastilla y, desde entonces, han proliferado los libros, poemas, cuentos y relatos sobre este tema. Pero, ¿qué es lo que ha fascinado a tantos escritores, cineastas y personas? Quirarte diría, “el imperio que ejerce sobre la imaginación, su oferta por concedernos algo en lo que jamás pensamos, se explica porque el vampiro es todo lo que no somos y es esa otredad la que nos atrae y seduce.” (1996) ; así como Rosseau afirma: “si ha habido en el mundo una historia garantizada es la de los vampiros. No falta nada: informes oficiales, testimonios de personas atendibles, cirujanos, sacerdotes, jueces; ahí están las pruebas.” (Fingerit, 1961)

Sin embargo, me parece que el vampiro nos hechiza de forma tan sorpresiva y a un tiempo, tan fuerte, debido a que son íconos de poder y vida eterna, maestros de la seducción y amos del misterio, todo esto, en conjunto, hacen del vampiro una figura inconfundible, indolvidable.

Para Agustín Calmet no es únicamente todo esto, sino que él incluso aseguraba su existencia. En 1751, en su libro Tratado sobre los vampiros, pretende probar que todo lo contrario a la voluntad divina es una aberración. En sus páginas se hallan las pruebas que anunciaba Rosseau, pero presentadas por él, un hombre que positivamente creía en la existencia del espectro.

Las primeras apariciones literarias del vampiro como tal surgen en forma de cuento, habiendo algunos extraordinarios que no podemos dejar de mencionar como:
En 1837, Théophile Gautier nos lega La muerta enamorada, donde Clarimonde es una cortesana que se enferma, muere y revive con el beso de un sacerdote, teniendo que alimentarse por las noches con la sangre de éste para evitar caer enferma una vez más.

Poe alude al espectro en su cuento Berenice donde Egaeus —el personaje principal de la invención de Edgar A.— en un estado de trance, desentierra el cadáver de su prima y le quita todos los dientes. Cuando vuelve en sí, un criado le informa que la tumba ha sido ultrajada y el cuerpo ensangrentado en su interior está vivo.

Pero es hasta 1897 que, el irlandés Bram Stoker publica su novela Drácula, la cual, desde ese momento y hasta nuestros días, ha sido una de las narraciones vampíricas más importantes dentro del género. Como antes mencionaba, Stoker se inspira en un personaje histórico, mientras usa argumentos científicos durante toda su obra, haciéndola espeluznante; sistematizando los elementos que se le atribuyen al monstruo, logro que no es sino admirable.

Ha tenido varios sucesores, cada uno con interpretaciones diferentes: Anne Rice con Lestat y Entrevista con el vampiro, donde da a éste una gran necesidad por los humanos, por estar cerca de ellos, como un tipo de dependencia sicológica; Stephen King con Salem’s lot, en el que su monstruo vampiriza —antes que a nadie— a los pobladores más viciosos, inseguros y desamparados, como una especie de antihéroe; y Matheson, en su libro Soy leyenda, muestra el lado solitario de un vampiro en forma paradójica ya que su personaje, Robert Neville, es el último de la raza humana como la conocemos. El resto de la humanidad se ha convertido en una especie de vampiros, volviendo al personaje en una leyenda —como sugiere el título— y tornándose en un ser de hábitos demenciales para los nuevos pobladores del mundo:

“Soledad… ¿A cuántos les aterra quedarse solos por completo?, muchas personas no podrían tan siquiera imaginarse en esta situación, y si a eso le añadimos el ingrediente del acoso constante de los vampiros, pues resulta un evento desesperante. Pero sobre todo nos hace reflexionar sobre la verdadera naturaleza del hombre, es decir, su irremediable naturaleza sociable y totalmente destructiva para consigo mismo. El verdadero terror lo sentimos cuando nos damos cuenta de la cruenta lucha de las especies por sobrevivir en un mundo ya de por sí, devastado.”

También este espectro ha dejado huella en el cine, primeramente con Nosferatu de Friedrich Wilhelm Murnau (1922); seguido por la meritoria Drácula de Tod Browning (1931), película donde Bela Lugosi personifica de forma extraordinaria al personaje principal; en 1992, Drácula de Francis Ford Coppola, famosa por su incomparable elenco y magnífica dirección; la popular Entrevista con el vampiro (1994) de Neil Jordan, basada en la novela de Anne Rice del mismo título; más recientemente, una versión nada aplaudida: Drácula 2000 de Patrick Lussier.

En la música podemos encontrar grupos y canciones dedicadas a este ser, como “Vlad Tepes”, grupo de Black Metal; o la canción Bela Lugosi is dead de “Bauhaus”.

Y pese al paso del tiempo, el culto al vampiro no se extingue, es seguido por miles de personas, ya sea a través de libros, películas, canciones, la imaginación o los propios sueños. Es impresionante como un mito es capaz de evocar tanto en las personas; desde un horror incomparable hasta una pasión curiosa y seductora. Los seres humanos somos de naturaleza curiosa, amamos los misterios, pero aún más arraigado en nuestro interior está la duda y el miedo en dirección a la inevitable muerte, o como dijera Villenueve en 1970: “Al decretar que sólo el alma tiene derecho a la inmortalidad, el cristianismo ha creado una reivindicación de la parte del cuerpo. El vampiro, impaciente de los límites impuestos por la muerte física, busca la posibilidad de que sobreviva un cuerpo sin alma.”

Siendo así, la sombra no es más que un reflejo del hombre mismo que quiere vivir por siempre y, al mismo tiempo, apaciguar su ansia de poder en un mundo cada vez más competitivo, o en las palabras de Francisco Segovia (Conferencia de vampiros, 1987):

“La razón que doy a mi terror es ésta: en un ser tan estrechamente reducido a una sola y única cualidad (no estar vivo ni muerto) y una sola y única actividad (morder y producir otro ser idéntico a él), cualquier semejanza se resuelve, necesariamente, en una identidad. Así, si somos capaces de encontrar otro ser elemental con estas cualidades, podremos estar seguros de que tal nuevo ser no es sino el mismo idéntico virus. Y todos sabemos que ese ser elemental es el vampiro.”

Es así como el hombre va creando lo que necesita para llevar una vida con menos miedos, tratando de evitar la soledad que este mundo va inculcando en su interior y al mismo tiempo, tratando de dar vida a la rutina gris que la actualidad les induce, creando al fin, un complemento irrefutable, o como bien expresa Quirarte: “[…] si el vampiro necesita del hombre para continuar viviendo, nosotros, quienes los creamos en nuestros sueños o pesadillas, necesitamos del poderío de su metáfora para sentir la vida con mayor intensidad, para mirar este jardín con ojos de vampiro y escuchar la palpitación de la sangre bajo el mármol en apariencia inerte de la estatua.”

Por lo que, mito o no, el vampiro existe realmente, al menos dentro de las esperanzas y sueños de la mente humana, que a primera vista no nota que lo monstruoso de este ser no es el que beba la sangre de las personas, sino los males que le hemos inflingido al crearlo, como logra comprender y expresar Mark Rein en el libro de juego, Vampire, The Masquerade:

“Para alimentarnos, básicamente necesitamos morder, retirar los colmillos de la herida y comenzar a beber. […] Nuestro apetito está motivado por la subsistencia, de ello no puede caber duda. […] De algún modo, la sangre de la presa se difunde a través del cuerpo por un proceso de ósmosis, en lugar de fluir por venas y arterias. Esto puede verse en el hecho de que cuando un vampiro llora —lo cual en verdad hacemos, y con más frecuencia de lo que un mortal supone— las propias lágrimas son de sangre. […] Ya estamos muertos, y por lo tanto no podemos morir excepto por obra de las fuerzas de la vida: el sol eterno y la llama primigenia. […] Vivir como un vampiro es vivir con el horror… El Ansia nunca puede ser plenamente saciada. La llamamos Ansia, pero el término es lamentablemente inadecuado. Los mortales conocen el hambre, incluso la inanición, pero eso no es nada. El Ansia remplaza a casi cualquier otra necesidad, cualquier otro impulso conocido por los vivos

—comida, bebida, reproducción, ambición, seguridad— y es más urgente que una combinación de todos.

Más que un impulso, es una droga, a la cual nacemos con una desesperanzada adicción.”

El horror no se basa en la condena a la vida eterna. El horror se basa en la condena a una existencia sin vida, a un cuerpo sin alma pero dotado de emociones, a ser el espectro que rellena el vacío en los corazones de los hombres. Y, como en su inmortalidad, el perdurable legado del mito que no habrá de expirar.

 

[1] Borges, en el libro de los Seres Imaginarios (1980), página 129

[1] Shelley, The Tempestuos Lovliness of Terror (contenido en el libro EL VAMPIRO, de Ed. Siruela): cita de

la traducción de Casidoro de Reina de la Biblia de Oso, (1569), página 31

[1] Quirarte, [Sintaxis del Vampiro](1996), página 60

[1] Cita tomada de [Sintaxis del Vampiro], Quirarte, página 27

[1] Tomado de [Sintaxis del Vampiro], Quirarte, página 28

[1] Tomado de [Sintaxis del Vampiro], Quirarte, página 57

[1] Quirarte [Sintaxis del Vampiro](1996), página 62

[1] Tomado de [Sintaxis del Vampiro], páginas 48, 49, 51, 52

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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Autor: Dirección Editorial

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