La Censura de libros por parte de la Inquisición española.

Por: Gabriel Morán Somohano.

Los edictos inquisitoriales, fueron el instrumento utilizado para publicar las lecturas prohibidas. La estructura de los edictos, se iniciaba mencionando la jurisdicción del tribunal con un encabezado que decía “Nos los Inquisidores Apostólicos, contra la herética pravedad y apostasía, en la Ciudad de México, Estados y Provincias de esta Nueva España, Guatemala, Nicaragua, Islas Filipinas, y su Distrito etc.”

Luego se mencionaba a los destinatarios. A continuación se procedía a enumerar los títulos junto con los motivos de su prohibición. Los libros más peligrosos aparecen bajo el encabezado “Prohibidos in totum aun para los que tienen licencia”. Los siguientes son los libros “Mandados Recoger”, estos son textos considerados sospechosos y se encontraban siendo calificados. Por último se enlistan los libros “Mandados a expurgar” a los cuales solo se ordenaba eliminar líneas o párrafos.

La censura de libros por parte de la Iglesia Católica comienza con la invención de la imprenta la cual hizo más fácil que antes la propagación de las doctrinas falsas. El papa Alejandro VI, en 1501, pidió a los obispos alemanes que luchasen en contra de los abusos del nuevo arte que nació en su país. En el concilio de Letrán, en 1515, se estableció que no se podría publicar ningún libro sin el examen de la autoridad eclesiástica pertinente. En 1502, Fernando e Isabel ordenaron que no se podía imprimir, importar, ni vender ningún libro sin previa licencia. A partir de aquí, la Inquisición empezó a utilizar agentes para inspeccionar las librerías y bibliotecas particulares.

Para que los agentes supieran qué libros eran los que estaban prohibidos se publicó lo que se conoció como Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum, o Índice de libros prohibidos, el Index contenía nombres de autores cuyas obras estaban prohibidas en su totalidad, obras aisladas de otros autores o anónimas y también un detallado repertorio de los capítulos, páginas o líneas que debían ser cortados o tachados. Este índice se actualizaba regularmente. Los índices de los siglos XVI y XVII reflejan la actividad esencial de la Inquisición: la defensa de la fe católica contra la herejía y las desviaciones dogmáticas. No es de extrañar que junto al nombre de algunos grandes como Lutero, Calvino y Erasmo, figuran una gran cantidad de nombres de teólogos y polemistas protestantes.

Como puede observarse en el edicto publicado en 1640, en el cual aparecen como prohibidos in totum libros de Lutero y de D. Juan de Palafox, por ser obras con proposiciones heréticas en contra de la Iglesia.

El procedimiento inquisitorial en materia de libros, empleado a mediados del siglo XVIII, se apoya en los principios proclamados en el siglo XVI por el concilio de Trento, y cuya aplicación fue precisada, y a veces aprobada, por el Santo Oficio español, que organizó además la búsqueda de libros condenados o sospechosos en las fronteras de España y en el interior de su territorio. Las diversas categorías de obras condenables se hallan enumeradas en las dieciséis reglas que, a partir de 1640, figuran en los índices españoles. Se las puede encuadrar en cinco grupos:

1) Obras contrarias a la fe católica romana, escritas por herejes, cuando tratan cuestiones de la fe; textos de la Sagrada Escritura y obras de controversia, en lengua vulgar. (Reglas I, II, III, IV, V, VI y XVI).

2) Obras de nigromancia, astrología, o que fomentan la superstición. Los horóscopos son tolerados. Se prohíben igualmente las imágenes, medallas y objetos diversos, así como las oraciones y plegarias a las que se atribuye un valor taumatúrgico. (Reglas VIII y IX).

3) Las obras que tratan, cuentan y enseñan cosas de propósito lascivas, de amores y otras cualesquiera, como dañosas a las buenas costumbres de la Iglesia cristiana, aunque no se mezclen en ellas herejías y errores (Regla VII). Las pinturas, esculturas y toda clase de representaciones deshonestas caen bajo la misma prohibición y queda prohibido realizarlas o introducirlas al reino. (Regla XI).

4) Las obras publicadas sin nombre del autor ni del impresor y sin lugar ni fecha de la edición. Esta regla se halla con todo suavizada por la condición de que, si bien esta categoría de libros se considera como sospechosa y debe ser sometida a control, la prohibición no alcanza más que a las obras de mala doctrina. (Regla X).

5) Las obras o fragmentos de obra que atentan contra la buena reputación del prójimo, y especialmente las que atacan a las personas eclesiásticas, órdenes religiosas y príncipes temporales, así como aquellas cuyas proposiciones van contra la libertad, inmunidad y jurisdicción eclesiástica y favorecen la tiranía, justificándola por la razón de Estado. (Regla XVI)

El año de 1747 se convierte en una especie de línea divisoria fundamental en la historia inquisitorial: la publicación del Índice prohibitorio, cuyo suplemento antijansenista y antirregalista refleja la dirección en que se orientó primordialmente la vigilancia del Santo Oficio, por otra parte la condenación, por edicto del 15 de julio, del Dictionaarie de Bayle, fuente fundamental del pensamiento crítico contra el que va a dirigir en adelante sus armas la Inquisición española. El libro sospechoso, el libro condenado, es, por tanto, desde este momento esencialmente el libro francés. En total, se aproximan a los 500 los títulos franceses condenados entre 1747 y 1807. La mitad de esta cifra corresponde al periodo posterior a 1789, lo que muestra en forma elocuente la intensificación de la vigilancia del Santo Oficio frente a toda producción escrita procedente de Francia.

En el edicto de 1771 aparecen como prohibidos in totum libros franceses principalmente cuentos y novelas, prohibidos por estar comprendidos en la regla VII del Índice Expurgatorio.

En el edicto de 1774 las obras prohibidas in totum procedentes de Francia, son prohibidas por sus proposiciones heréticas como el caso de la “Differtation fur l´origine de l´ineglites des homes” de Mr Roufeau.

Las obras que tratan de la Revolución Francesa constituirán, a partir del 1789, una nueva categoría de obras sospechosas; aunque el edicto de diciembre de 1789 no alcance, en principio más que los escritos sediciosos y tendentes a excitar los pueblos contra los poderes legítimos, se apelara a él para condenar obras que pretendían relatar la historia de las perturbaciones políticas de Francia, aun en el caso que representaran una tendencia contraria al espíritu revolucionario.
Incluso poco antes de 1789, ya aparecen en los edictos obras de carácter revolucionario, los libros prohibidos in totum en su mayoría son prohibidos por contener doctrinas perniciosas a la religión y el Estado, se consideran como una amenaza tanto para las autoridades eclesiásticas como para las seculares. Todavía aparecen obras condenadas por su contendió herético pero en menor número.

En el edicto de 1785 en el que se prohíbe in totum el “Tableau, et Revolutions des Colonies Angloises dans l´Amerique Setentrionale”. Par Guillaume Tomas Raynal.

En el edicto de 1789 todavía no aparecen obras que tengan que ver directamente con la Revolución Francesa.

En el edicto de 1790 la mayor parte de las obras prohibidas in totum están relacionadas directamente con la Revolución Francesa.

Entre las obras censuradas en ese año se encuentran las siguientes:

“Historie des Etats-Géneraux de Versailles 1789” prohibido por su naturaleza sediciosa, y del peor ejemplo parecía formar un código teórico-práctico de independencia a las legítimas potestades.
Launay, Emmanuel Louis Henry Alexandre de, “Memoire sur les États Géneraux, leurs droits, et la maniere de les convoquer” prohibido por su naturaleza sediciosa, y del peor ejemplo parecía formar un código teórico-practico de independencia a las legitimas potestades.

Como puede observarse el objetivo de la prohibición y censura de libros originalmente lo que buscaba era impedir la difusión de la doctrina protestante y de ideas heréticas, con la llegada de la Ilustración y posteriormente la Revolución Francesa, se volvió prioridad el evitar la difusión de ideas ilustradas y principalmente de ideas revolucionarias y sediciosas.

BIBLIOGRAFIA:
DEFORNEAUX Marcelin, Inquisición y censura de libros en la España del s. XVIII, Madrid, Taurus Ediciones, 1973, 268 pp.
TURBERVILLE Arthur Stanley, La inquisición española, México, FCE, 1985, 152 pp.
AGN, Inquisición, Edictos, vols. II y III.

Autor: Dirección Editorial

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